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4 septiembre 2025 Blog

Del síndrome postvacacional y otras zarandajas

“Sin sacrificios no hay historia que contar.”

Francisco Chacón Martín (comunicación personal 2025)

Zarandaja no es más que una cosa sin valor, algo que carece de importancia o trascendencia. Entre sus sinónimos se encuentran palabras como pamplina, tontería, fruslería o insignificancia. Creo que nuestros amables lectores con este breve párrafo introductorio se hacen idea de lo que los autores del presente artículo pensamos sobre el llamado “síndrome postvacacional”. Con este vocablo se pretende hacer referencia al conjunto de síntomas que pueden sufrirse tras el fin del descanso veraniego y el regreso a la rutina laboral, Incluye sensación de malestar, cansancio, nostalgia, tristeza y hasta irritabilidad, elevándolo a la categoría de una patología que ─por supuesto─ debería ser tratada y resuelta médicamente. Nada más lejos de la realidad.

Esto no es más que otro ejemplo de lo que los autores clásicos llamaban reificación, es decir, cosificar una abstracción para darle categoría de real a algo genérico que carece de ella. Con un ejemplo quizás se entienda mejor. Alguien en un bosque tenebroso puede oír un ruido sordo, ver algo parecido a una sombra que se mueve, incluso sentir un escalofrío en su espalda… Podría suponer en su angustia que un monstruo horrible, terrorífico, le persigue y está acechándole por detrás, pero eso no significaría que ese producto de su imaginación tenga una consistencia real y mucho menos le persiga. ¿Recuerdan Blancanieves? En este clásico de dibujos animados realizado por Walt Disney allá por 1937, la protagonista al enterarse que la malvada reina quiere asesinarla huye asustada por el bosque. En su frenética fuga sufre los arañazos y enganchones de las ramas de los árboles (realidad), que para ella son seres maléficos que la persiguen e intentan atraparla (cosificación inventada).

Volvamos a nuestro regreso de las vacaciones. Es cierto que podemos sentir el conjunto de síntomas anteriormente referidos, pero eso no significa que conformen una entidad nosológica real. Quizás conviene brevemente aclarar aquí la diferencia entre una enfermedad y un trastorno. La enfermedad es una alteración o anomalía en la anatomía o fisiología corporales y que tendrá por tanto unos signos objetivos que pueden ser detectados en la exploración clínica físico-psicológica, así como en las pruebas complementarias (v.g., análisis hematológico, urinario, técnicas de imagen radiológicas, de R.N.M, etc.) al estar producidas por causas evidenciables (organismos microscópicos como virus o bacterias, agentes externos traumáticos, déficits metabólicos…) y cuya evolución es previsible en mayor o menor grado. En cambio, un trastorno es sólo un síndrome o conjunto de síntomas para los sin causa patológica univoca, pruebas complementarias negativas y evolución muy variable según quien lo presente. Pues bien, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) en su Clasificación Internacional de Enfermedades en el caso que nos ocupa considera ─con acierto─ que no existe en ninguna de las dos categorías. Es absolutamente normal que tras las vacaciones necesitemos un proceso de adaptación para retomar las actividades cotidianas previas al descanso estival. No hay nada patológico en sentir cierto malestar para recuperar el ritmo laboral.

Y aquí es donde la frase que encabeza el artículo tiene su sentido pleno. Uno de los abajo firmantes tuvo durante su adolescencia la gran fortuna de tener como entrenador de fútbol a Francisco Chacón. Con él, además de la alegría de los triunfos, aprendimos la generosidad de compartir y trabajar en equipo, a mantener un imprescindible respeto por los adversarios y a, sobre todo, aceptar el sufrimiento como algo natural que se precisa para intentar conseguir los objetivos marcados. Vencer agujetas y calambres nocturnos durante la pretemporada, soportar en invierno duchas con agua fría si la caliente escasea, sacrificarse todo el año con duros entrenamientos vespertinos tras la jornada estudiantil y renunciar a fiestas con amigos para rendir al máximo en el partido siguiente… Estas enseñanzas deportivas juveniles han demostrado su validez y efectividad en quienes tuvimos la suerte de recibirlas y aprenderlas.

Por todo esto consideramos que psiquiatrizar un proceso natural como algo patológico y ofrecer un remedio artificial no sólo es equivocado, sino que resulta muy perjudicial para el posterior desempeño vital de la persona. Nadie es siempre obligatoriamente feliz: “Quien algo quiere algo le cuesta”.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

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